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Trabajadores de la cultura trazan batalla conjunta contra tres leyes derogables

Actores, gráficos, locutores, periodistas y autores se reunieron en Día Nacional de la Cultura para acordar un plan común. La amenaza: tres leyes que protegen empleos y soberanía cultural.

A
Por Admin3 min de lectura
Buenos Aires — foto de Nouhailler (licencia BY-SA vía Openverse)
Buenos Aires — foto de Nouhailler (licencia BY-SA vía Openverse)

El 29 de julio, en plena conmemoración del Día Nacional de la Cultura, algo inusual sucedió en las entrañas del movimiento sindical argentino: tres centrales sindicales (CGT, CTA de los Trabajadores y CTA Autónoma) dejaron sus diferencias de lado y se sentaron en la misma mesa. Con ellas, el Frente Cultural Federal, sindicatos específicos del sector audiovisual, periodístico y editorial, universidades, y organizaciones gremiales de toda índole. El motivo: un proyecto de ley del Gobierno que amenaza con derogar tres normas que, durante años, han sostenido el trabajo en la cultura argentina.

Tres leyes bajo fuego

El proyecto legislativo del oficialismo busca eliminar la Ley de Doblaje Nacional (23.316), la Ley de Fomento del Libro y la Lectura (25.446) y la Ley de Defensa de la Actividad Librera (25.542). Para quien trabaja en el sector, no se trata de abstracciones normativas. La ley de doblaje garantiza que los audiovisuales se doblen en territorio nacional con técnicos, actores y personal técnico local. La ley del libro fija precio único, evitando que grandes distribuidoras destrocen a librerías pequeñas. La ley librera protege a los vendedores de libros independientes. En conjunto, representan miles de puestos de trabajo en provincia, en efectos de producción, en estudios, en imprentas, en casas editoriales.

Cuando el sindicato se convierte en cultura

Lo notable no fue que cada gremio saliera a defender su sector. Lo notable fue el acuerdo. En esa reunión estuvieron representantes del SUTEP (Sindicato Único de Trabajadores del Espectáculo Público), la Asociación de Actores, la Federación Gráfica, el Sindicato de Prensa de Buenos Aires, sindicatos de bibliotecarios, técnicos escénicos. Todos con un mismo diagnóstico: si estas leyes caen, se destruye la cadena de valor que sostiene la producción nacional en cultura. No es que alguien los obligara a estar juntos. Es que todos vieron la amenaza en el mismo lugar.

Un plan de batalla en tres frentes

Del encuentro salieron compromisos concretos. Primero: iniciar un plan de acción conjunto para defender las tres leyes. Segundo: conformar una mesa de trabajo permanente integrada por el Frente Cultural Federal, las tres centrales sindicales y los sectores laborales afectados (la industria, los productores, los trabajadores mismos). Tercero: impulsar acciones de movilización durante el tratamiento legislativo del proyecto. No es una declaración romántica que se archiva en algún escritorio. Es la arquitectura de una pelea que apenas comienza.

La cantera de votos que no hablan

Uno de los detalles más relevantes, apenas mencionado en la cobertura periodística: el encuentro tuvo representación de trabajadores de cultura de 14 provincias diferentes. Córdoba, Buenos Aires, Mendoza, Chaco, Misiones, La Rioja, Neuquén, Río Negro, Catamarca, Jujuy, Entre Ríos, Formosa, Tierra del Fuego y La Pampa. En cada una de esas provincias hay estudios de doblaje, imprentas, librerías, salas de cine, teatros. En cada una de ellas hay trabajadores cuyo salario depende de que estas leyes sigan en pie. La clase trabajadora argentina no solo vota en Buenos Aires.

Por qué esto importa hoy más que nunca

En tiempos donde la reforma laboral está en agenda parlamentaria y la precarización avanza en otros sectores, la defensa de estas leyes culturales tiene un significado más profundo. No es solo una pelea sectorial. Es una demostración de que, cuando las leyes que protegen el trabajo están en riesgo, los sindicatos saben reconocer al enemigo común. Y saben organizarse para enfrentarlo, aunque sea con rivales políticos de otras centrales. Eso es lo que pasó el 29 de julio. Y eso es lo que seguirá pasando en las próximas semanas en el Congreso, en las calles, en cada acción que lancen.

Qué sigue

Las acciones de movilización aún no tienen fechas ni modalidades definidas públicamente. Pero la mesa de trabajo ya está conformada. La unidad ya se cristalizó, al menos en este frente. La clase trabajadora de la cultura argentina está en pie. Y aunque el Gobierno tenga los votos para derogar las leyes, estos sindicatos no cederán sin pelea. Eso es lo que quedó claro en la sala el 29 de julio, cuando el Día Nacional de la Cultura dejó de ser una efeméride para convertirse en un acto de resistencia laboral.

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