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Treinta por ciento de ley, diez por ciento en la realidad: por qué el cupo sindical femenino no avanza

La Ley de Cupo Sindical Femenino existe desde 2002, pero las mujeres ocupan menos de la mitad de lo que la norma ordena. Un análisis de por qué los gremios incumplen la regla y cómo la violencia laboral las expulsa de los espacios de decisión.

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Por Admin4 min de lectura
Casa Rosada — foto de D-Stanley (licencia BY vía Openverse)
Casa Rosada — foto de D-Stanley (licencia BY vía Openverse)

La ley existe. Desde hace casi 25 años, la Ley 25.674 de Cupo Sindical Femenino establece que las mujeres deben ocupar al menos el 30% de los cargos electivos de las organizaciones sindicales, o un porcentaje proporcional a su afiliación. Es una norma clara, firmada, promulgada. Pero hay un abismo entre lo que dice el papel y lo que pasa en los pasillos de los gremios argentinos.

La brecha entre la norma y los números

Según datos del Instituto de la Mujer de la Confederación General del Trabajo, de un total de 1.448 cargos sindicales relevados, apenas 80 son ocupados por mujeres. Eso es 5,5%. Cuando miramos secretarías y subsecretarías en una muestra de 25 sindicatos, el panorama no es menos desalentador: solo 69 de 385 cargos (17%) están a cargo de mujeres. El cupo que la ley prometía hace casi dos décadas sigue siendo letra muerta. Y no es porque la norma no exista o sea ambigua. La resistencia es deliberada.

¿Por qué los gremios incumplen?

Las explicaciones que dan los dirigentes sindicales son varías, pero la realidad es una: la cultura sindical es profundamente masculina. Desde sus orígenes, los sindicatos argentinos fueron construidos como espacios de poder male-led, donde la toma de decisiones, las negociaciones paritarias y la representación de los trabajadores quedaban en manos de varones. Incorporar mujeres en igualdad de condiciones no es simplemente hacer lugar: implica ceder poder, redistribuir recursos, cuestionar estructuras que funcionan desde hace décadas.

Hay gremios que directamente ignoran la ley. Otros buscan cumplirla de forma nominal: colocan mujeres en cargos de poca incidencia, en comisiones de género o de acción social, pero las excluyen de las mesas de negociación salarial, de las decisiones sobre conflictividad o estrategia. Es lo que algunos estudios llaman "tokenismo": la presencia simbólica sin poder real.

La violencia laboral como barrera sistemática

Pero hay otro factor que ayuda a explicar por qué las mujeres no avanzan en las estructuras sindicales: la violencia laboral y el acoso que sufren dentro de los propios gremios. Según la Encuesta Nacional sobre Violencia y Acoso en el Mundo del Trabajo, 65,5% de las mujeres experimentaron alguna situación de violencia laboral, comparado con 43,5% en varones. Esa violencia no desaparece cuando entrás a la sede sindical.

La encuesta detalla que la violencia psicológica es la más frecuente (78% de los casos), seguida por discriminación (67%) y violencia sexual (52%). Muchas de estas situaciones ocurren en ámbitos de trabajo donde los sindicatos tienen responsabilidad de defender a sus afiliadas. Pero cuando la violencia viene desde adentro del gremio, desde dirigentes o compañeros varones, el silencio es cómplice.

¿Denuncian? Casi nadie se anima

Solo 30% de quienes sufrieron violencia laboral hicieron una denuncia. Entre los motivos de los que no denunciaron, aparecen el miedo a perder el trabajo (15%), la desconfianza en que denunciar sirva para algo (27%) y el desconocimiento de sus derechos. En esos casos, cuando sí hay denuncia, los sindicatos fueron el principal apoyo para las trabajadoras. Pero mientras eso no se garantice de forma sistemática, mientras no haya protocolos claros de atención de violencia gender-based dentro de los gremios, la barrera sigue siendo tan alta como la de la discriminación abierta.

Lo que dicen que van a hacer

El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social creó en 2021 el Programa de Fortalecimiento del Liderazgo de las Mujeres y Diversidades Sexuales en las Organizaciones Sindicales. Se suponía que sería la herramienta para capacitar, sensibilizar y acompañar a las trabajadoras en su acceso a espacios de decisión. Desde la Fundación Friedrich Ebert impulsaron también el programa #YaEsTiempo enfocado en el rol de las mujeres sindicalistas.

Los encuentros nacionales de mujeres sindicalistas, los talleres sobre la ley de cupo, las capacitaciones: todo esto existe. Pero los números siguen sin cambiar. Porque las políticas de capacitación no obligan a los sindicatos a nada. La ley existe pero no se fiscaliza. Y sin que haya sanciones por incumplimiento, la resistencia de los dirigentes sigue siendo más fuerte que la voluntad estatal de hacer cumplir.

Qué necesita pasar

Mientras se mantienen las desigualdades en la representación, las mujeres siguen encontrando como obstáculo no solo el sexismo estructural sino también la violencia que muchas padecen en sus trabajos. Los sindicatos, que tienen la responsabilidad de defender a los trabajadores contra la explotación y el abuso, reproducen internamente esas mismas dinámicas.

Para que el cupo del 30% deje de ser un slogan sin efecto, harían falta tres cosas que hoy no existen en forma coordinada: primero, fiscalización real con sanciones para los gremios que no cumplan. Segundo, protocolos de atención y prevención de violencia laboral especialmente diseñados para el ambiente sindical. Tercero, un cambio cultural que acepte que la igualdad de género en los gremios no es un lujo o una concesión, sino una condición necesaria para que el movimiento sindical pueda representar de verdad a los trabajadores y trabajadoras que afilia.

Veintitrés años después de que se promulgara la ley, seguimos hablando de lo mismo: la brecha entre lo que la norma dice y lo que los gremios hacen. A este ritmo, el 30% del cupo no será realidad en las próximas décadas. Y las mujeres sindicales seguirán negociando su lugar en espacios que las expulsan.

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